Desde una mirada jurídico-sistémica - Por Silvia Barceló y Diana Valor*

Desde una mirada jurídico-sistémica (I)


Para comenzar, es necesario aclarar qué entendemos por “mirada jurídico-sistémica”. En este sentido, consideramos que los conflictos jurídicos que atraviesan las personas deben ser analizados, interpretados e interactuados no como un conflicto único, independiente y aislado en sí mismo, sino como parte de un sistema mucho más amplio que el que la situación fáctica describe.
Desde esta perspectiva entendemos el conflicto como un sistema en sí mismo compuesto a su vez por otros subsistemas, como el emocional, el legal, el familiar, el psicológico, el moral, etcétera y, en consecuencia, quien interactúe con este conflicto debe hacerlo desde una mirada sistémica, lo que implica una visión ampliada e íntegra de todos los subsistemas que dicho conflicto apareje.
Esta teoría se desarrolla teniendo como una de sus bases a la Teoría General de los Sistemas -cuyo mentor es Ludwig von Bertalanffy, en el año 1950-, la que nos enseña: “No estudia a los sistemas a partir de sus elementos básicos o últimos sino tratándolos a partir de su organización interna, sus interrelaciones recíprocas, sus niveles jerárquicos, su capacidad de variación y adaptación, su conservación de identidad, su autonomía, las relaciones entre sus elementos, sus reglas de organización y crecimiento, su desorganización y destrucción, etcétera. Una de sus virtudes esenciales es la de tratar los sistemas sin prescindir de sus relaciones con su entorno, manteniendo además las conexiones internas y externas de sus elementos” (Grün, La Globalización del derecho: Un fenómeno sistémico y cibernético, 2000, ). Y el “derecho es un sistema abierto. No es un sistema cerrado de normas sino también un conjunto de relaciones entre normas, hechos y valores” (Puerto, Vergara, & Camelo, Pensamiento Sistémico y Derecho, 2012).
Asimismo, es importante tomar el aporte que realiza la fenomenología sistémica, como un modo de mirar e interpretar situaciones para facilitar una transformación de las mismas, en lo que se llama “la solución de cada caso”.
Por medio de este enfoque sistémico consideramos cómo la familia influye de manera longitudinal en otros subsistemas, como la escuela, las relaciones sociales, el trabajo, etcétera. La complejidad de la fenomenología del sistema social se expresa por medio de una mecánica formada por una actividad consciente y otra inconsciente. Cada vez que hay caos, se está expresando el inconsciente y el consciente surge por medio del orden. Pero sin caos no hay evolución.
Desde esta mirada jurídica sistémica, y aplicando los estamentos que hicieron surgir pensamientos novedosos en nuestra actualidad, trasladamos al conflicto que llega a mediación esta forma de observación. Es así que cualquier tensión sin resolverse aún significa, desde esta perspectiva, un gran espacio para ambas partes que les permitirá subir un escalón más arriba desde donde mirar y conscientemente traer orden.
Debemos señalar que todas aquellas conductas que devienen en caos surgen del perpetuo movimiento de tres leyes en los sistemas: la pertenencia, la jerarquía y el equilibrio del dar y tomar. Estas tres leyes son las que, quebrantadas, traen desorden-inconsciente o mayor orden-consciente.
Desde la mediación, lo inconsciente o consciente sería esa parte del iceberg que no se ve pero que implica toda una gravitación al momento de la conclusión con solución o sin solución para un caso.
Advertimos que en el campo de la resolución de conflictos estamos asistiendo a una serie de cambios por los que se cuestionan los sistemas tradicionales de carácter coercitivo; de allí la creación de nuevos espacios y de nuevas instituciones para la regulación de los conflictos, donde el individuo es el mentor en la gestión de la solución.
La mediación es uno de estos espacios y su trabajo se sustenta en atender la complejidad de la vida y de las relaciones intervinculadas desde una perspectiva sistémica en un ámbito jurídico, cuando en él tienen lugar.

Desde una mirada jurídico-sistémica (II)


Continuando con el propósito de ampliar la observación como operadores del sistema de mediación desde la perspectiva Jurídico-Sistémica, describimos un caso.
Al convocar a las partes a ingresar a la sala de audiencia, advertimos que un servicio de emergencias médicas asistía a una persona mayor. Al llamar a las partes, dos jóvenes se acercan rápidamente, se identifican y ante la pregunta de si la requirente se había presentado, ambos señalaron a la persona que estaba siendo asistida, que era su madre. En tal situación, decidimos comenzar con una reunión privada.
Las manifestaciones de los jóvenes en la sala fueron de mucho dolor y queja por esa mujer, María, su madre. Hacían hincapié en los numerosos sucesos que debían atravesar por la enfermedad mental que ella sufría. Tenía diagnóstico de esquizofrenia y era imposible seguir conviviendo con ella en el mismo lugar. Luego de chequear los antecedentes, preguntamos: “¿Si pudiéramos cambiar esta realidad, cómo se imaginan que podría ser en adelante?” Respondieron al unísono: “Ella internada como debe ser, asistida en una institución, y nosotros llevando una vida normal en esa casa”. Con esta base buscamos alternativas, no quedando muchas más que el retiro de los hijos de la vivienda. Se organizarían las visitas y una asistencia terapéutica a cargo de terceros.
Luego recibimos en privado a María. Por un instante nuestra observación estuvo dirigida a ver cómo nos despojábamos de cualquier pensamiento que nos llevara a un punto de resistencia con quien teníamos delante: una señora con un atuendo colorido y el cabello un tanto desordenado, que con mirada penetrante y vivaz se sentó frente a nosotras: “Soy María -dijo-,madre de esos jóvenes que sólo quieren mi internación; porque tengo un diagnóstico de esquizofrenia, la cual está bastante controlada”.
La señora hizo un relato sintético, elaborando conclusiones muy acertadas y poniendo en claro por qué estaba en mediación. “Sólo quiero garantizar que la vivienda que tanto me costó conseguir no se pierda por una maniobra en mi contra de mis hijos”. La casa le fue otorgada por el IPV cuando ejercía como docente especial. Ella entendía perfectamente la necesidad de sus hijos de sacarla de allí, ya que era difícil la convivencia entre personas que no se dirigían la palabra. Pero manifestó que si ella accedía a retirarse, la vivienda estaba en riesgo, por lo que debían conversar y decidir qué hacer.
Después del relato, comenzamos las preguntas para verificar información y abordar el “gran tema”: la internación voluntaria. Ella relató una serie de acontecimientos en los que pudo refugiarse del desborde de sí misma, pero que después de cada internación veía las secuelas y el deterioro de su persona. Sólo ofrecía conversar sobre el manejo de la casa frente al IPV. Sabía que podían perderla y no quería, ya que no podría ir a ningún otro lugar luego de posibles internaciones futuras. Mientras la escuchábamos pensamos en esos ojos que vieron mucho dolor, en esa voz firme de quien acepta situaciones extremas como las de una enfermedad crónica y sus consecuencias a nivel relacional.
Ello nos hizo regresar a nuestro rol, a la tarea de ayudar a desplegar posibilidades entre esas tres partes de un sistema familiar que ya había transitado un largo recorrido. Este ejercicio de observación “sistémica” de los conflictos lleva a favorecer esos momentos que parecen nudos ciegos en las relaciones. Mirando el conflicto como un espacio de superación. Integrando lo que aún no se pudo integrar. Dejando de lado lo que impide estar mejor. Pero esta observación exige del mediador que no encuentre resistencias internas con lo que ve, ya que ellas serian sólo un obstáculo para la solución.
Como conclusión consideramos que lo que es diferente en un instante crea una resistencia que puede ser vaciada por una decisión y sostenida por el pensamiento: “Yo no soy mejor que tú”, “Yo soy igual a ti”. Esta idea en el mediador promoverá un espacio ampliado que permitirá ir hacia un lugar más favorable para todos. Basada en las interactuaciones que se producen en el proceso de mediación dentro de un sistema familiar, desde la fenomenología sistémica se busca transformarlas para encontrar la solución de cada caso en ese espacio superador.
*Abogadas, mediadoras.

Publicado en Comercio y Justicia (Córdoba, 21/12/17, 28/12/17)

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